Bastante ya con la impulsividad y la graciosa situación que parece no le importa ni siquiera observar, pues es consciente de la reacción ocasionada en el pez. Pez que gusta jugar con hormigas, tuvo la casi obligación de acostumbrarse a jugar con ellas, vivir en un espacio rectangular de dos por tres metros. Aparecían como si siempre hubieran vivido ahí, sé que no es así. Yo lo sé porque cuando me trajeron esta cochinada negra, nunca las ví, estoy segura de eso. Esto es como cuando sabes que puedes tocar la plancha después de haber estado enchufada, la temperatura no te lastima, al contrario, te gusta y abriga. Y eso que no tiene brazos, qué terrible sería que los tuviera. Mi plancha no sería más que el reemplazo del compañero del pez. Las hormigas se pondrían celosas. Las hormigas no estarían de acuerdo con la plancha mutante. No porque no quieran que sean, sino porque quieren que sean. Las hormigas se refieren al pez y a él.
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