hoy te busqué
entre almohadas
adornadas
por pestañas inútiles
entre el amargo
rechazo
hacia mis mañanas
y los ácaros que la contienen
te estornudé para despertarte
te estornudé para hacerte aparecer
miércoles, 24 de septiembre de 2014
miércoles, 17 de septiembre de 2014
Yae noe
Desde que te perdí, me perdí
desde que no te tengo, no me tengo
y desde que te fuiste, te llevaste
el moho de mi piel
me estoy pudriendo,
me termino de pudrir
resurjo
vuelvo
pero no vuelvo para ti
desde que no te tengo, no me tengo
y desde que te fuiste, te llevaste
el moho de mi piel
me estoy pudriendo,
me termino de pudrir
resurjo
vuelvo
pero no vuelvo para ti
miércoles, 3 de septiembre de 2014
Fórmula para dibujar ojos
Primero entiéndase, asimile que los ojos no son
órganos, no es un sentido, es un portal que nos lleva al mar, que nos transporta y nos moja un
poco y nos hace caer en la realidad, de que es mejor ver con los ojos cerrados,
ciegos. Son esferas en donde las medusas van soplándose unas a otras, en donde
las pieles se cosen y se cocen. Las legañas nos ayudan a flotar.
Recuerdo que solía encerrarme en una especie de depósito naranja, cuando
aún mi tamaño era lo suficientemente reducido para caber en él. Ahora busco el
mismo recipiente. No. No me importa no caber en él, me basta con que mis
emociones, sentimientos y sobre todo mis miedos entren en él. Un día, un lápiz
se topó conmigo y pensé que era el suceso más hermoso que me pudo haber pasado
ese día, lo cogí y no porque quisiera, sino porque en el fondo de mi corazón
inocente e infantil de niña, sentí que era obra de un ser superior
(probablemente de uno de los monstruos que solía inventarme para jugar) y que
este gran señor-superior-cosa-rara-verde me había impuesto este hecho, y me
sentí especial. Ese día, fue la primera vez en que pude ir al mar por mi propia
cuenta. No podía dejar de coger esas conchitas rotas (me daba pena porque la
mayoría de humanos, coge las que no están rotas) así que sentí algo parecido a
la lástima y compasión, y me llevé unas conchitas para poder construir
cualquier montículo de arena cerca al mar. Me eché un rato y miraba al mar de
manera vertical, se veía mucho más inmenso e intimidante que cuando uno lo mira
de pie. Y no sé cómo ni por qué, pero me hallaba montando una medusa, era de
color verde claro, muy claro. No tenía miedo. Yo. Era feliz.
Traté de dibujarla con el lápiz que venía conmigo. Fue algo extraño,
parecía una cosa amorfa pero increíblemente bonita porque parecían los ojos que
vi, esos ojos que no veré nuevamente, por lo menos no con estos ojos míos
porque estos, ya no me pertenecen.
Lo anterior lo sé... creo que lo sé. Hoy he visto al monstruo y en mi desordenada cabeza traté de formularme preguntas en cuanto a él. No pude. No sé por qué. No sé si porque no estaba del todo consciente. ¿Lo habré visto? Quizá fue mi imaginación. Como sea... tampoco quisiera dibujar esos ojos, sería un tanto inútil. Me siento tranquila al respecto, aunque me gustaría saber qué sucedería si es que...
Me hallaba observando meticulosamente sus portales. Cerrados y Abiertos. Son tan hermosos. ¿Cómo podría si quiera pensar en la idea de dibujarlos? ¿Acaso estaba siendo increíblemente egocéntrica?
Estaba echada en el mueble en donde no cabían dos personas, tenía la sensación de que aquel monstruo iba a arrastrarme en cualquier momento si no cumplía con lo dicho, realmente tenía mucho miedo y quería llorar. Me sentía indefensa y desprotegida, pero supongo que eso poco importa en este relato. Sentía su presencia, sus manos frías, su cabeza cálida, el chillido de una vieja pata de madera.
Nadie sabrá cómo nació aquel cuadro en donde destacaban esos dos orificios dilatables, ni yo misma.
Despertamos ansiosos en busca de un abrazo, de tratar de cerrar las ventanas para que no se escapen los sentimientos, pero al mismo tiempo tratar de abrirlas rápidamente para ver si se iban algunos miedos. Era todo un arte, realmente era muy complicado. Es gracioso, pero no sé qué fue más complicado, el arte de cerrar ventanas o el arte de dibujar tus ojos.
En este instante he sentido que le agradezco al monstruo, he aprendido cosas. Muchos dirán que es extraño, pero espero volver a verlo. Gracias a él me he vuelto más quisquillosa, detallista, observadora y paranoica y de esto último no sé si merezca un agradecimiento.
Hoy ya no quepo en mi depósito color naranja, ya no suspiro, ya no lo extraño, ya no lo pienso, ya no sé dónde estará y ya no me importa.
La alexitimia ahora ha ido a un rincón de mi Tar. Indago entre legañas. Y. A veces me sumerjo en mi imaginación. A veces solamente me hundo.
Lo anterior lo sé... creo que lo sé. Hoy he visto al monstruo y en mi desordenada cabeza traté de formularme preguntas en cuanto a él. No pude. No sé por qué. No sé si porque no estaba del todo consciente. ¿Lo habré visto? Quizá fue mi imaginación. Como sea... tampoco quisiera dibujar esos ojos, sería un tanto inútil. Me siento tranquila al respecto, aunque me gustaría saber qué sucedería si es que...
Me hallaba observando meticulosamente sus portales. Cerrados y Abiertos. Son tan hermosos. ¿Cómo podría si quiera pensar en la idea de dibujarlos? ¿Acaso estaba siendo increíblemente egocéntrica?
Estaba echada en el mueble en donde no cabían dos personas, tenía la sensación de que aquel monstruo iba a arrastrarme en cualquier momento si no cumplía con lo dicho, realmente tenía mucho miedo y quería llorar. Me sentía indefensa y desprotegida, pero supongo que eso poco importa en este relato. Sentía su presencia, sus manos frías, su cabeza cálida, el chillido de una vieja pata de madera.
Nadie sabrá cómo nació aquel cuadro en donde destacaban esos dos orificios dilatables, ni yo misma.
Despertamos ansiosos en busca de un abrazo, de tratar de cerrar las ventanas para que no se escapen los sentimientos, pero al mismo tiempo tratar de abrirlas rápidamente para ver si se iban algunos miedos. Era todo un arte, realmente era muy complicado. Es gracioso, pero no sé qué fue más complicado, el arte de cerrar ventanas o el arte de dibujar tus ojos.
En este instante he sentido que le agradezco al monstruo, he aprendido cosas. Muchos dirán que es extraño, pero espero volver a verlo. Gracias a él me he vuelto más quisquillosa, detallista, observadora y paranoica y de esto último no sé si merezca un agradecimiento.
Hoy ya no quepo en mi depósito color naranja, ya no suspiro, ya no lo extraño, ya no lo pienso, ya no sé dónde estará y ya no me importa.
La alexitimia ahora ha ido a un rincón de mi Tar. Indago entre legañas. Y. A veces me sumerjo en mi imaginación. A veces solamente me hundo.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)