lunes, 19 de diciembre de 2016

Domingo por la noche.

Otro espejo roto
se ha sumado
por cuenta propia
a mi colección de espejos
no coleccionables.

Por primera vez

me he contemplado
frente a los espejos rotos
que contiene el gran espejo roto
y
en cada una de las partes rotas del espejo
he visto el reflejo de mi cuerpo.
"No estoy observando.
Estoy contemplando tus pechos"
La frase que no esperaba escuchar
regresó veloz a mi memoria,
así que decidí contemplarme a mi misma
y
en ese mágico momento,
me enamoré de mi cuerpo
de mis areolas,
de mis pechos,
de mis curvas suspendidas,
de mi suavidad.

Me enamoré de mi rostro,
de mis ojos,
de las pupilas de mis ojos,
de mi  propio reflejo en las pupilas de mis ojos.

Me he contemplado en un espejo roto
y ha sido este mismo e inútil espejo
el que me ha enseñado
a amar mi cuerpo en su totalidad.

El reflejo del espejo roto
me ha enseñado a contemplar
partes que nunca había visto,
pero que sin embargo
han estado aquí, en mi misma
por años.

El reflejo del espejo roto
con sus tantos espejos rotos en él
me ha enseñado a amar todas mis partes rotas
no tan rotas...
No.
No rotas.
Únicas. Hermosas.

Por ejemplo:
Mis areolas, mi nueva parte favorita de mi.

No hay comentarios:

Publicar un comentario