Para qué subir a una montaña rusa vacía
comprarte cosas que nunca te podré dar
curiosear en tus ojos de mañana.
Dicen que la esperanza es lo último que se pierde
y sin ni siquiera intentarlo, yo siento que ya lo perdí todo.
Para qué memorizarme mis lunares favoritos tuyos
o pensar en el posible sentir de tus pestañeos sobre mis mejillas,
si a fin de cuenta todo está dentro de mi propio cofre oxidado.
De qué nos sirve estar frente a las ventanas abiertas,
apreciar la vida del silencio, materializar la fe.
Qué inútil ha ido resultando
descubrir la magia, el mar, la misticidad, el número cinco, las bellas uniones tan nuestras.
Tan inútil como el abrazo imaginario: cálido solo en un espacio de la mente más no en el cuerpo ni en todo el ser.
Para qué siento, me pregunto siempre; para qué respirar, ver, existir aquí... así de esta manera. En serio, ¿para qué?
Ya lo comprendo, le resulto una imposibilidad al amor.
Enfrentamos el Mar al observar al rayo azul en el horizonte
tú me abrazas con tu mirada noche
yo te abrazo con mi mirada luz
recorremos el jardín de las arañas antiguas,
salvamos abejas y mariposas.
Para qué pensar en preservar el olor en mis recuerdos
ser feliz observando tu interior
derribar el miedo
salvar la esperanza
tener fe.
Dejarnos ser, dejarnos ser.
miércoles, 15 de noviembre de 2017
martes, 14 de noviembre de 2017
-
Pudo ser el escenario de nuestro primer abrazo, un recuerdo que perduraría en mi memoria, una conversación sin fin. El escape anhelado hacia nosotros mismos. Pero no. Nunca no. Nosotros no. El ayer tuvo que desviarme para olvidarlo todo. El hoy me ha llevado hacia nuestro último lugar y me ha hecho sentir justo aquí en el centro de mi pecho. Nuevamente el hoy me ha dicho que me detenga, que contemple, que camine, que sienta y vuelva a sentir. Y revivo instantes y los recuerdos del dos mil nueve ya no podré verlos nuevamente ahí junto a los árboles de ficus y me pregunto si tú sabrás y si es que sí, ¿te habrás acordado de mí? de la canción que te toqué, del vendedor de caramelos que nos interrumpió, de la lluvia que nos empapó las frentes, de nuestras frentes tan cerca pero nunca lo suficiente como cuando dos personas se acercan para darse un beso. Sé hace un mes que Lima nos ha arrebatado nuestra banca, no sé exactamente cuándo sucedió o por qué o quién. Nunca quise aceptar que eventualmente sucedería porque siempre al caminar por esas calles todo volvía a mí y era uno de los recuerdos más bonitos que tenía sobre ti, pero ya no porque tú ya no eres ese para mí y yo tal vez sigo siendo la misma para ti, y esto último lo sé porque cada cierto tiempo lejano me lo dices. Lima me traga con memorias y a veces me asfixio e hiperventilo, pero el hoy ha sido distinto porque he suspirado al ver que aún no me arrebatan todas las bancas, que aún puedo acudir a un lugar. Y es cierto que es otro año y otra calle y otra banca y otra luz. Cuatro faroles, cinco ventanas, y la metáfora que decidiste traspasar para que todo sea un poco más real. Sé que mañana volveré a no verte de nuevo, a contar los faroles, a observar las ventanas, a sentarme en la banca izquierda donde hay espacio suficiente para varios pero donde no habrá nadie más que yo, donde no voy a abrazarte, donde no voy a llorar o sonreír, donde probablemente ya me olvidaste, donde fuiste el silencio más lindo de todos.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)