martes, 13 de marzo de 2018

El jurar nunca.


Ya no sé si yo estoy condenada a ser traicionada por la gente que dice amarme o si la gente que dice amarme está condenada a traicionarme. Tal vez debí notarlo desde que sentí -por primera vez- lo que es el presentimiento a los cinco años, desde que no estuve segura con la primera persona. Entonces pienso que tal vez yo me condeno a mi misma por traicionar lo que mi mente me dice, por esquivar cínicamente los accionares sigilosos y ajenos, por ser tan tonta y humana pequeña. Me digo a mi misma: tal vez debí. Y es que sí, tal vez debí y todas las veces tal vez debí. Pero de qué sirve lamentarse me pregunto e inmediatamente me respondo que tal vez es porque quiero un poco de compadecimiento autoimpuesto, porque me provoca consolarme y sé que nadie va a consolarme como yo, porque nadie va a llorar como yo, como cuando lo hago yo junto a mí misma. Mi primera enemistad a los diez años, nunca la vi venir, pero entendí que rozaba finamente la traición. Desdén del tipo C. Rechazo del tipo C. No quiero haberte traicionado, pero mientras escarbo en el cajón de polillas moribundas y traiciones grises, me asusto al pensar que sí, te he traicionado. Quedarme no fue una opción. Volver no fue una opción. Escapar no fue una opción. ¿La traición lo fue?
Tal vez todas las veces que no me quedé, las veces que no volví o las veces que no escapé. Y tú. Finalmente me has herido, sin querer, pero me has herido y tengo dos trabajos que duran cuarenta y siete horas al día; el primero es fingir que todo está bien y el segundo convencerme de los tigres que no aparecen para afilar sus garras sobre mi garganta, cada mañana a las siete y uno. Yo te prometo que intento meter mi mano hasta mi garganta para desgarrarlos pero termino desgarrando mi garganta y las promesas y las charlas. Y la traición. No. La traición me desgarra a mí, de pies a cabeza, haciéndolo en movimientos circulares, pintándome de súplicas y volviéndome una obra inadmisible. Al fin puedo notarlo y me sorprendo y lloro quieta; las traiciones me visitan cada cierto tiempo, tal vez para recordarme el dolor incurable y jurarme a mí misma que la traición es cuestión de abandonar todo lo logrado y todo lo amado hasta ahora.

No hay comentarios:

Publicar un comentario