Extraño tus labios sobre la comisura de los míos
a las 10:51:04, a las 10:51:05, a las 10:51:06...
Las cosquillas que inocentemente me regalas
con las puntas de tus cabellos a las 11:00.
Casi nunca estoy segura de nada,
pero hoy sí sé que el amor se ha ido
y con él las polillas y su luz.
Es inevitable pensar en alguien más fuerte que yo
pero también resulta natural cuando ya nada puede ser peor.
¿Qué más hace falta?
Tal vez despreciar los insectos que anidan en mi boca,
y comprender que es necesario callar, porque es lo mejor que sé hacer.
Ya no quiero seguir callando mis vacíos.
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